Desnúdame con tus palabras, quítame de a poco lo que me pesa cargar en sociedad silenciosamente, ven, haz de lo oculto un fuego, humedece estas prendas, y no dudes que tu mirada desnuda, y esas manos de exploradora me convierten a tu religión con orgasmos míos.
“Pedí tan poco a la vida y ese mismo poco la vida me lo negó. Un haz de parte del sol, un campo próximo, un poco de sosiego con un poco de pan, no pesarme mucho el saber que existo, y no exigir nada de los otros ni ellos nada de mí. Esto mismo me fue negado, como quien niega la limosna no por falta de buena alma, sino por tener que desabrocharse la chaqueta.”
— Fernando Pessoa, «El libro del desasosiego»